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✖ La historia tras "La nueva Guerra"

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✖ La historia tras "La nueva Guerra"

Mensaje por Hogwarts Renovatio el Mar Jun 07, 2011 10:19 am

✖ La Evolución



Hubo una vez, hace mucho, mucho tiempo, una época plagada de miedo y desesperanza, una época donde ser diferente era considerado un signo inequívoco de poseer poderes malignos y ocultos, poderes que corrompían el alma y convertían al poseedor en algo menos que animal: una bestia. Era la época, data la historia, de reyes que creían en la existencia de magos y brujas, de hogueras y torturas espantosas, del miedo y la desesperación. Fue la época en la que nació el más grande mago de la historia: Merlín.

Uter Pendragon, ignorante y egocéntrico, declaró que todo aquél humano poseedor de un comportamiento habilidoso en un área especial, sería perseguido implacablemente hasta dar con él y determinar si era magia o no lo que hacía, y de ser así proceder de inmediato a expulsar de ellos el mal que los consumía por dentro. Era por eso que todo aquel capturado, culpable de hechicería, terminaba en la hoguera, se creía que esa era la única forma de acabar con el mal.

El miedo era infinito, pero los que más temían eran justamente aquellos que no tenían poderes. Sin embargo, Merlín, uno de esos seres “malignos”, era la base de la supervivencia para esta especie diferente y poderosa. Él era el líder de este grupo, los protegía, los cuidaba y enseñaba a controlar sus poderes, a ser discretos y a cuidar de aquellos que ignoraban la realidad del asunto. Merlín, junto con su pareja Ariadna, una bruja con la habilidad particular de localizar a otros magos usando su mente, mantuvieron la población bajo control durante mucho tiempo, hasta que ella comenzó a perder el control.

Ariadna siempre fue una mujer dulce y dada a sonreírle a la gente, a ofrecer su apoyo y cariño a cuanta persona la necesitara, era una mujer excepcional, y Merlín siempre se lo había dicho, estaba orgulloso de ella y el trabajo que había realizado con la comunidad. Ellos se complementaban muy bien. Con el paso del tiempo, la pareja tuvo una hija llamada Aleen, hermosa, rubia y de risos grandes y suaves, ojos azules como su padre y mirada tierna como su madre, Aleen era la perfecta combinación de ambos.

Pero el tiempo pasó y Ariadna cambió. La ternura, el calor y la inocencia se evaporaron de su mirada. Su rostro, antes hermoso y tierno, ahora era hosco y oscuro, cargado de maldad y tristeza, odio y rencor. Se volvió la antítesis de su pasado. Merlín estaba desconcertado por ese cambio, no sabía qué hacer con él, por qué había ocurrido aquello… estaba desconcertado al igual que su hija. Por su parte, Aleen ya tenía unos 12 años de edad y amaba a su madre a pesar de todo lo ocurrido. Era una niña especial, se dedicaba por completo al cuidado de su madre y a las labores domésticas mientras su padre estaba fuera. Pero cuando Ariadna llegó a su peor estado, Aleen también comenzó a cambiar. Presentó el mismo comportamiento de su madre al poco tiempo y la casa se volvió un desastre, la gente a su alrededor también se volvió mucho más violenta, incluso Merlín notó que su característica paz interior se desvanecía al lado de Ariadna. Así que comenzó a investigar, hizo pruebas, experimentos, y encontró que la mente de Ariadna ahora tenía el poder no sólo de reconocer a sus iguales, sino también de mirar dentro de sus pensamientos e introducirse en ellos, la podía sentir implantando emociones, sensaciones, sentimientos que no le pertenecían y que eran horribles. Detestaba lo que pasaba, y detestaba no poder resolver el problema. Por mucho tiempo buscó soluciones, pero las dificultades se agravaban progresivamente, ya no podía proteger a los suyos, los guardias los estaban descubriendo cada vez más fácilmente, su hija era cada vez más oscura e iracunda, dispuesta a pelear con él y con cualquiera sin razón alguna. Parecía que el único en notar la intrusión de Ariadna era él, y tenía que hacer algo.

Un día, llevado por la rabia, Merlín se tapó la cabeza con fuerza para bloquear todo lo malo que venía de Ariadna y fue cuando supo qué hacer. De inmediato se levantó y salió en busca de los duendes. Fue un viaje arduo, los duendes en aquel tiempo estaban ocultos en cavernas y pasajes subterráneos complicados. Pero nada lo detuvo y al cabo de unas pocas semanas los consiguió, estuvo con ellos y logró que le construyeran un artefacto único en su clase, una tiara. Estaba hecha de oro macizo, tenía incrustaciones de diamante y tenía la particularidad de absorber magia. Merlín se sintió satisfecho con el trabajo y regresó a casa. Y al llegar notó que las cosas estaban peor de lo que pensó estarían, no podía perder más tiempo. Tomó todos sus conocimientos en magia y los depositó en la tiara, la convirtió en un dispositivo capaz de contener y encerrar la mente además de almacenar todo lo que ella contiene. Merlín respiró agotado, pero al instante recurrió a su esposa, como pudo le colocó la tiara y al instante el flujo de malas sensaciones se detuvo, se sintió aliviado. Miró a su hija y ésta pareció salir de un enojo milenario, su rostro, avejentado por el dolor y la amargura, pareció retroceder en el tiempo hasta una época donde fue niña alguna vez, hasta el ambiente se volvió más ligero. Sin embargo, Ariadna nunca volvió a la normalidad, ella jamás recuperó el sentido. Eso devastó a Merlín, trabajó horas interminables en ello, pero nada daba resultado. Nunca se dio por vencido, pero aceptó que quizás no encontraría cura para ello.

Las persecuciones cesaron en cuanto Arturo tomó el trono, los magos y brujas tuvieron la posibilidad de vivir en paz siempre y cuando no se volvieran indiscretos otra vez. Merlín los ayudaba en cuanto podía, su hija había tomado su lugar en muchas cosas y él se hundía en su habitación a escribir. Redactó textos interminables sobre sus estudios, sobre la tiara y lo que hacía, sobre los descubrimientos de Ariadna y sus efectos en la gente. Él no sabía si eso era algo que podría repetirse, pero de ser así él no quería correr riesgos. Escribió todo lo que debía hacerse en caso de que un descendiente tuviera el mismo comportamiento, le enseñó todo cuanto sabía a Aleen y siguió investigando sobre su ahora demente mujer.

El tiempo pasó y Aleen encontró pareja, tuvo dos hijos, dos posibilidades de enloquecer. Pero no fue así. Ellos fueron tan normales como su madre y su padre. Crecieron y se desarrollaron sin problema, por ello Aleen nunca pasó la información a sus hijos, creyó que todo había acabado, y así fue… hasta la tercera generación. Ellos tuvieron ciertos poderes para sentir a las personas y sus estados de ánimo, no era gran cosa. Pero estaba allí, no había desaparecido.

Un par de siglos luego nació Leonardo Da Vinci. Era descendiente de Aleen, inteligente como Merlín y con habilidades increíbles parecidas a las de su antecesora Ariadna. Leonardo tenía el poder de ver la mente de los demás. Podía percibir sus pensamientos y usarlos en su beneficio, tenía un cerebro único. Pero no se sentía satisfecho consigo mismo, y en una de sus interminables búsquedas, logró rastrear sus orígenes hasta Merlín, viajó hasta esa tierra olvidada en el ayer y consiguió su antiguo hogar. Era extraño estar allí. Lo recorrió por completo y, un par de días luego, consiguió una caja especial, estaba sellada y no sabía cómo abrirla, eso lo intrigó, la tomó consigo y decidió partir de regreso a casa.

Mucha fue su intriga sobre la caja, pero nunca desistió en abrirla, hasta que un día su magia se reveló. De sus manos brotaron unas chispas doradas que dieron con el borde y éste se destrabó. Su impresión fue enorme, pero más grande fue su sorpresa al ver allí dentro una gran cantidad de papeles y una tiara. Los sacó y los estudió. No sabía a qué se referían. Comenzó a explorarlos y descubrió que no era el único con poderes. Tomó la tiara y se la puso. Su mente se expandió, sus conocimientos se incrementaron notablemente pero notó que ya no percibía nada de afuera, y lo comprendió de inmediato. Estudió los manuscritos sin descanso y develó infinidades de cosas.
Leonardo nunca fue reconocido por sus amores o vida privada, pero sí dejó una hija hermosa. Nadie sabía de ella, es por eso que todo lo que Leonardo consiguió fue escondido una vez más, él no sabía que tenía una hija y por ello nunca pensó que fuera necesario informar de sus estudios y avances… esta vez el cofre permaneció oculto por mucho más tiempo, pero la tiara no fue escondida en él. Al enterarse de su muerte, la mujer que había estado con Leonardo regresó a su lugar de trabajo y encontró esa bella pieza, quería tener algo que le recordase a su amado y pensó que ello le serviría, al igual que un par de pinceles dejados a un lado de una pintura de ella, nunca sabría si reflejó su sonrisa o no… pero ya no le importaba. Tomó lo que buscaba y se marchó.

Por otro lado, Salazar Slytherin creció rodeado de magia siempre, supo que era un mago desde el día en que nació. Conocía su descendencia y el poder que tenía, nunca sintió una intriga lo suficientemente profunda como para indagar en su pasado más allá de lo que ya sabía. Nunca se enteró de que sus poderes eran únicos y, posiblemente, la forma más refinada y poderosa del mismo hasta la fecha. Participó en la creación del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, pero nunca se sintió completamente cómodo, allí entraba cualquiera y él nunca congenió, los abandonó e hizo su vida aparte. Fue un gran hablante de parsel y conocedor de los malignos pensamientos de la gente, pero esto último él se encargó de ocultarlo. Conocía las historias sobre su pasado, pero creía que sólo eran habladurías… aún así, se mantuvo bajo perfil, su inteligencia le decía que era lo más sensato y así lo hizo.

Los años pasaron, y el linaje de maldad se extendió hasta alcanzar el clímax: Tom Riddle, mejor conocido como Lord Voldemort, había llegado a la tierra y su poder era mucho más grande que el de ningún otro, incluso más grande que el del mismo Salazar. Tom siempre fue malo, estaba en su genética ser así, el tiempo transcurrido bendijo a su cuerpo con la posibilidad de manipular el gran poder que poseía sin volverse loco, tal como le había sucedido a la hermosa y tierna Ariadna. Su historia es muy bien conocida, pero ese linaje se perdió en el momento en que murió porque de él nunca hubo un descendiente.

La línea de los perceptores de maldad había terminado, pero la otra línea había sobrevivido, la hija de Leonardo tuvo descendencia suficiente como para llegar hasta el presente. El apellido se perdió y era casi imposible relacionar a Da Vinci con los Lovegood… los actuales herederos del gran poder de Ariadna y los seres más evolucionados en la utilización del mismo. Pero Luna no tuvo un solo hijo… tuvo gemelos, y ellos tenían tanto el poder de permitir los buenos como los malos pensamientos, ellos tendrían que decidir por qué camino inclinarse y esa no sería una batalla sencilla.

Sin embargo, la tiara estaba perdida, nadie conocía su paradero actual, y en realidad eran pocas las personas que conocían la existencia de ese artefacto. Sólo un mafioso historiador muggle, Patrick Reed, obsesionado con Leonardo, logró dar con parte de los escritos sobre magia que habían sido ocultos. Pero él no comprendía nada de lo que sucedía, no supo cómo explicarse el significado de esos escritos hasta que su sobrino, Demian Reed, recibió su carta de Hogwarts. Patrick se sentía desorientado, estaba en shock, pero no permaneció así por mucho tiempo. Sus investigaciones comenzaron de inmediato, cada vez que Demian iba al Callejón Diagon, él compraba la lista de libros por duplicado. Fue así como descubrió infinidad de información que le desvelaron un camino incierto entre el presente y el pasado, nunca supo a ciencia cierta cuál era la verdad, lo que sabía es que en la actualidad existía una persona con el poder de manipular a los demás, que tenía magia, y que si era capaz de encontrarlo o encontrarla, tendría la posibilidad de hacerse con poder soñado. Por años estuvo planeando, reclutando y entrenando gente con este propósito, y ahora era el momento de comenzar a buscar las verdaderas respuestas, era el momento de encontrar al nuevo descendiente de esa Ariadna, someterlo y así cumplir sus metas.

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